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DOSSIER
TEMA: Dossier Física

Planetario Max Schreier y los retos de las herramientas didácticas en el siglo XXI
16-09-2016
Jorge Estévez
PD-PIEB

“Creo que si logras atrapar el interés de un niño, rápidamente va a aprender todas las cosas que rodean ese tema, mucho más rápido que si se las das todas de una sola vez”, comentó Adam Savage en una entrevista en un programa de radio dedicado a la ciencia y la educación. Savage, uno de los presentadores del popular programa de televisión “Cazadores de mitos” (Mythbusters), no tiene formación como científico pero ha dedicado gran parte de su carrera a enseñar conceptos científicos básicos (y otros no tanto).
 
La curiosidad y el asombro son dos factores que Savage, junto con otros comunicadores de ciencia, pretenden provocar en los niños. En un tiempo en que los colegiales se encuentran rodeados de estímulos que gritan por su atención, esa labor se hace aún más complicada. ¿Cómo llamar la atención de un niño que hace sus tareas en la computadora escuchando música, viendo un video, descartando, una a una, todas las grandes obras del mundo, resumidas convenientemente en Wikipedia, mientras escribe y conversa con todos los compañeros de su colegio en su celular?

“Creemos que la respuesta está en crear un sistema inmersivo” dice Mirko Raljevic, director del Planetario Max Schreier, en una entrevista con el PD PIEB.

Los planetarios son una herramienta didáctica utilizada para enseñar a niños y al público en general sobre el espacio exterior, sobre los planetas, eclipses, lluvias de meteoros y otros fenómenos, además de los conceptos físicos que los rigen. En un domo circular se proyectan imágenes del cielo nocturno, y se mueven, sobre la cabeza del público y a voluntad de los presentadores, los astros de la galaxia. La Paz cuenta desde 1978 con un planetario, llamado en honor de su fundador “Max Schreier”. El proyecto se inició dos años antes, en 1976, y pasó por varias instituciones, hasta finalmente llegar a su hogar actual, con la Carrera de Física en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), como parte de su proyecto de interacción social.

Mantener un planetario en Bolivia es una ardua labor de afecto y compromiso de todo el personal y los técnicos que trabajan detrás de las proyecciones. Los equipos son grandes y costosos, con cifras que exceden las capacidades económicas de la institución. Desde su fundación los técnicos del planetario han trabajado adaptando esos equipos, y muchas veces, construyéndolos a partir de distintas partes y piezas.
“Era muy difícil hacer una sesión en el planetario. El técnico encargado de la proyección tenía que manejar decenas de pequeños aparatos que hacían solamente un efecto. Teníamos uno para las estrellas, otro para los eclipses”, dice Mirko Raljevic con cierta nostalgia.

“El sistema que utilizamos ahora lo hemos hecho nosotros” acota dice Rubber Muñoz Sánchez, Técnico Investigador. “Tenemos un proyector moderno que ha sido adaptado”. Esa construcción hecha en casa está compuesta por dos lentes fotográficos montados a los lados de un cilindro metálico que contiene al interior también otros cristales. Todo meticulosamente construido para contrarrestar la deformación y pérdida de imagen que resulta de la proyección al interior de un domo. Una labor que seguramente deja orgulloso a más de un catedrático de física.

Desde un podio que todavía tiene diales, palancas y botones de hace más de treinta años, controles que más bien parecen pertenecer a la cabina retro-futurista de una nave de ciencia ficción, se dirigen las funciones del planetario. Un software especial que corre en una computadora instalada junto al podio transmite las imágenes al proyector, que a su vez produce un haz de luz por el artilugio óptico creado por los técnicos del planetario, y se proyecta en una cúpula esférica sobre la cabeza de los asistentes. El planetario Max Schreier puede acoger a 53 personas, y recibe constantemente a los alumnos de los colegios de la ciudad.

“Nuestro público principal son los niños. Hablamos sobre el sistema solar, sobre nuestro lugar en el universo, etc.” dice Rubber Muñoz. “El niño de ahora está sumamente informado. Son los que traen las preguntas más interesantes, muy inteligentes. Quieren hablar sobre agujeros negros, sobre la radiación del sol”.
¿Qué hacer para atraer la atención de esos niños hacia temas más complejos, que refuercen su curiosidad natural y apoyen a aquellos que tengan inclinaciones científicas?

“Uno pensaría que todo está en internet. Y si ese ha sido un problema para los planetarios a nivel mundial, ¿qué pasa con los planetarios pequeños? Muchos pensaron en cerrar. Pero hay algo que no puede darte el monitor de una computadora, es esa sensación inmersiva, que además está acompañada por la guía de un experto, alguien que ha estudiado sobre el tema y es un especialista”.

Las visitas siguen llegando al planetario, que en eventos especiales, como la “Noche de museos” recibe cientos de visitantes, que llenan la sala en funciones una después de otra, después de otra.

Pronto la Carrera de Física de la UMSA espera abrir las puertas de su nuevo observatorio en el campus universitario de Cota Cota, que contará con un telescopio para poder observar el cielo nocturno.

Actualmente los sistemas de VR (Realidad Virtual o Virtual Reality) se han hecho cada vez más accesibles al público en general, con productos realizados por varias grandes empresas, como el Occulus Rift, HTV VIVE o el PlayStation VR, que pueden conectarse a las consolas de juegos y computadoras que gran parte del público ya tiene en sus casas. Todos estos productos tienen una oferta: experiencias inmersivas para los usuarios. Los retos para los educadores y comunicadores de ciencia apenas están comenzado.

El Planetario Max Schreier se encuentra en la calle Federico Zuazo, a unos pocos pasos del Teatro al Aire Libre. Los visitantes y colegios interesados en participar de las sesiones puedes contactarse directamente con al número de teléfono 2 2441822 o mediante su página en Facebook https://www.facebook.com/max.schreier.planetarium/


 
 
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