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Cambio climático: Riesgos sociales y climáticos sobre los glaciares de la Cordillera Real

Los glaciares de la Cordillera Real desaparecerán en los próximos 30 años, si persiste la tendencia del calentamiento por efectos del cambio climático y la presencia de los aerosoles en los hielos, concluye entre otros hallazgos la investigación “Análisis y evaluación de los riesgos del cambio climático en ecosistemas de alta montaña, zona Tuni Condoriri-Chacaltaya y su área de influencia”, de un equipo multidisciplinario encabezado por la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA).

El estudio coordinado por el geólogo Jaime Argollo –que se propuso analizar y evaluar los ecosistemas de alta montaña para identificar riesgos a través de múltiples metodologías físicas y biológicas en la zona de Tuni-Condoriri-Chacaltaya y su área de influencia– revela varias amenazas climáticas y sociales que aceleran el derretimiento de los glaciares.

“Se hicieron estudios que delimitaron las cuencas, se establecieron los parámetros morfológicos del área (de estudio), de la densidad de los ríos, la frecuencia, la precipitación y el material transportado (de sedimentos). Es una reconstrucción de los glaciares de la Cordillera Real que nos indica que a partir de 1975 al 2009 la pérdida en superficie fue del 44 por ciento. Sí estas condiciones continuaran, existen posibilidades que en 30 a 35 años nos quedemos sin la presencia de los glaciares”, señaló.

Estos hallazgos fueron socializados por el investigador durante el coloquio “Glaciares y Cuencas Hídricas: reservorios de vida en riesgo”, organizado por el Programa de Investigación Estratégica en Bolivia (PIEB) a través de su Programa de Investigación Ambiental (PIA), instancia que acompañó y apoyó el estudio con el financiamiento de la Embajada Real de Dinamarca.

El geólogo dio varias luces sobre la situación actual de los nevados y las condiciones físicas, hidrológicas, biológicas y hasta sociales y culturales de la zona de influencia, además de ofrecer propuestas concretas para encarar esta problemática.

“Si el cambio climático se incrementa y no se toman medidas es probable que se acelere (el proceso de derretimiento) pero si hay medidas desde diferentes aspectos económicos y políticos para disminuir podría retardar. Lo más importante es ver otros factores como la sobrepoblación del planeta que seguro va incrementar las necesidades como de agua, y habrá menos oferta de agua”, afirmó.

Junto con el geólogo Jaime Argollo investigaron Guillermina Miranda, Stephan Beck, Carla Ibañez , Marcos Andrade, Rosa Isela Meneses, Teresa Ortuño, Julio Pinto, Nelson Block, Vladimir Orsag, Patricia Bravo, Roberto Apaza, Mónica Rivera, Orlando Chura, Rubén Mamani, Boris Valda, Freddy Flores, Marcelo Rossberg, Patricia Sandoval, Prem Vidaurre, Freddy Flores y los universitarios Richard Villegas, Luis Ticona, Fernando Velarde, Ángel Choquecallo, Efraín Zunagua, Heber Condori y Marcelo Cabero.

Argollo explicó que los glaciares de Tuni Condoriri y Chacaltaya se alimentan en un 85% de las precipitaciones pluviales y aportan con el 12% a las cuencas que aprovisionan de agua a Pucarani, El Alto y parte de La Paz. Si bien el 2050, dijo que se tiene casi la certeza de la que la temperatura aumentará en 2%, en esa misma intensidad se incrementarían las lluvias.

Se hizo una reconstrucción de la evolución del Valle glaciar Milluni donde se determinó el máximo avance glaciar en durante los últimos 15 mil años, cuando el hielo llegaba hasta donde actualmente es la carretera La Paz-Copacabana. El máximo avance glaciar fue el año 1673 años, con una serie de fluctuaciones hasta aproximadamente el año 1.800, y un retroceso acelerado de los hielos hasta nuestros días.

Amenaza: aerosoles
La investigación también muestra que no sólo el cambio climático ha sido y es una de las más fuertes amenazas de los glaciares, sino también, los aerosoles formados por el humo de las quemas.

“En el tema de los aerosoles se han hecho medidas en la zona de Chacaltaya en época limpia y también en agosto –cuando existe la llegada de humo– y al mismo tiempo se hicieron medidas en las zonas de generación de humo y cómo éstos atraviesan la cordillera y llegan a la ciudad de La Paz y a la zona de estudio, y estos aerosoles están afectando al derretimiento acelerado de los glaciares. Un ejemplo importante es la presencia del potasio que indica la quema de masa vegetal”, aseguró.

En ingeniería ambiental, se denomina aerosol a una mezcla heterogénea de partículas solidas o líquidas suspendidas en un gas.

Metodología y más hallazgos
El estudio en el que participaron el Instituto de Investigaciones Geológicas y del Medio Ambiente, el Instituto de Ecología a través de la Unidad de Limnología, el Herbario Nacional, el Centro de Análisis Espacial, además del Instituto de Investigaciones Físicas con su Laboratorio Física de la Atmósfera, con el apoyo del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi) y la Administración Autónoma de Servicio Nacional de Aeronavegación (AASANA), pudo ser posible gracias a un convenio interinstitucional entre el PIEB y el Departamento de Investigación Postgrado e Interacción Social (DIPGIS) de la UMSA.

La limnología determinó bioindicadores que determinaron una base de indicadores de especies animales y vegetales resistentes a la radiación ultravioleta (RU), que resisten altas temperaturas y de aquellos que son únicos ejemplares que habitan por el ejemplo, el río de Pata Khota y en la Laguna de Chacaltaya, especies únicas que pueden ser monitoreadas en el futuro y determinar su relación con el cambio climático.

Con estudios de palinología se determinó que la vegetación comenzó a cambiar en la zona durante la Pequeña Edad del Hielo (1731).

Los y las biólogas que formaron parte del equipo lograron determinar 274 especies de plantas en la zona de Chacaltaya y Tuni Condoriri, en un estudio que comprendió cuatro cimas de diferentes alturas (de 1.650 metros de altura hasta 5.325 metros). Lo cual “constata que hay una disminución de vegetación a medida que se sube a más altura”. Las familias de plantas se encuentran entre los líquenes, musgos, hepáticas, hierbas, rosetas, graminoides y otras.

En una identificación de las vulnerabilidades de los ecosistemas, el estudio señala que los glaciares y pastizales son de bajo riesgo y los de alto riesgo, los ríos y lagunas.

A partir de esta conclusión, los investigadores plantean un Plan de monitoreo y seguimiento a los resultados obtenidos de la investigación tanto en el campo físico como en el biológico. Las perspectivas de este ambicioso trabajo, es generar un Plan de Manejo para cada uno de los ecosistemas de alta montaña y proponer políticas de mitigación y adaptación al cambio climático.


 
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